—Te extrañé Paula— dijo en con suavidad, entremezclado su expresión con un suspiro.
Todo mi pelaje se erizó cuando abrazo mi cintura con sus manos.
—También te extrañé Alex— Acomodé mis brazos alrededor de su cuello, por debajo de unos caireles castaños que ya habían crecido bastante —Fue mucho tiempo sin ti, no te vuelvas ausentar así; prométeme que no te irás de nuevo— Alex negó con la cabeza. Después me besó.
—Lo mío no son las promesas Paula— río ligeramente.
—Sólo no lo vuelvas costumbre— Murmuré timidamente y los ojos se me humedecieron. Bajé la mirada y me acomodé sobre su pecho para evitar que notara mis lágrimas.
Alex desprendía un olor a humo y un poco de alcohol. Una gabardina negra y algo desgastada caía hasta sus rodillas. Tenía curiosidad de lo que había sucedido en esos seis meses; pero por otro lado no quería enterarme de absolutamente nada. Preferia pretender que nunca se había ido sin siquiera avisar.
Sentí como sus labios comenzaban a recorrer mi cuello, besándome como si deseara atragantarse con mi piel. No le detuve. Abrió la puerta de mi departamento desesperadamente y me llevo a cama. Me desnudó con la delicadeza de un tigre mientras yo tarde más por el miedo a encontrar las huellas de otra mujer.
—Hace seis meses que no hacía esto con nadie, ¿lo sabías?
—Ni yo con nadie—mentí.
Alex podía leer las mentiras en los ojos; pero esperaba que estuviera lo suficientemente distraido para no reparar en mi respuesta. No me sentía tan mal, sabía que probablemente él también me mentía, solo me sentí culpable por unos contados segundos.
No te preocupes Alex; sé que nunca mereceré tu perdón, pero no tienes porqué enterarte...
